En los últimos días, plataformas digitales como Roblox y otras han comenzado a solicitar fotos de rostros o datos biométricos de niños, niñas y adolescentes con el objetivo de “verificar”, “proteger” o “cuidar” su identidad.
Y es completamente comprensible que, como mamás y papás, sintamos alivio al leerlo.
Pensamos: “Qué bueno, están cuidando a nuestros hij@s. Es solo una foto para confirmar que es real.”
Sin embargo, antes de aceptar, vale la pena hacer una pausa.
No desde el miedo, sino desde la información y la conciencia.
Porque cuando se trata de la identidad digital de nuestros hij@s, cada decisión importa.
¿A quién le estamos entregando la imagen de nuestros hij@s?
Cuando una plataforma solicita una foto o un dato biométrico, no estamos interactuando con una persona, sino con un sistema, una empresa y una infraestructura tecnológica que almacena, procesa y gestiona esa información.
Entonces…
- ¿Quién recibe esa imagen?
- ¿Dónde se almacena?
- ¿Quién más puede tener acceso a ella?
La imagen del rostro no es un dato cualquiera. Es un identificador único, imposible de cambiar, que forma parte de la identidad digital de una persona desde edades muy tempranas.
¿Qué puede hacerse hoy con esa información?
La tecnología actual permite mucho más que “verificar”.
Hoy, una imagen puede:
- Ser analizada por sistemas de inteligencia artificial
- Utilizarse para reconocimiento facial
- Asociarse a patrones de comportamiento o edad
- Integrarse a bases de datos más amplias
Esto no significa que todas las plataformas tengan malas intenciones, pero si que el uso de esa información puede ir más allá del propósito original con el que fue solicitada.
Por eso es importante entender que una foto ya no es solo una foto.
Es información sensible.
¿Quién tiene el control después de dar clic en “enviar”?
Una vez que compartimos un dato biométrico, el control ya no es total. Aunque existan políticas de privacidad, términos y condiciones, la realidad es que esa información deja de estar únicamente en nuestras manos.
Como padres, muchas veces aceptamos estos procesos de forma automática, confiando en que “es lo normal” o “es necesario para usar la plataforma”. Pero detenernos a leer, comprender y cuestionar también es una forma de cuidado.
El rol del control parental y la educación digital
El control parental no se limita a bloquear contenidos o establecer horarios.
También implica decidir qué información entregamos y cuándo hacerlo.
Educar en el uso responsable de las tecnologías significa:
- Acompañar a nuestros hij@s en sus primeras experiencias digitales
- Explicarles qué es la identidad digital y por qué importa
- Enseñarles que no todo lo que se pide debe compartirse de inmediato
- Modelar una actitud crítica y reflexiva frente a la tecnología
Tomar decisiones informadas también es proteger
No se trata de prohibir plataformas ni de generar desconfianza constante.
Se trata de tomar decisiones informadas, entendiendo que la seguridad y la salud digital de nuestros hij@s deben ser una prioridad.
Antes de dar clic en “enviar”, vale la pena preguntarnos:
- ¿Es realmente necesario compartir esta información ahora?
- ¿Mi hij@ entiende qué significa entregar su imagen?
- ¿Existen alternativas o puedo esperar?
A veces, proteger también significa postergar, informarse mejor o acompañar más de cerca.
En resumen
La tecnología puede ser una gran aliada.
Pero su uso responsable comienza con adultos informados y conscientes.
La imagen, los datos y la identidad digital de nuestros hij@s merecen el mismo cuidado que su bienestar físico y emocional.
Hacer una pausa, preguntar y reflexionar antes de aceptar no nos convierte en padres desconfiados, sino en padres presentes, que entienden que, en el mundo digital, cuidar también es decidir con calma.
Por Psic. Ana Villafañe





