Ya no necesitas ser famoso para ser vulnerable

Por: Psic. Ana Villafañe

Durante muchos años existió una idea que, de alguna manera, nos hacía sentir tranquilos. Pensábamos que ciertos riesgos digitales solo les ocurrían a otras personas: a los famosos, a los actores, a los cantantes, a los influencers o a quienes vivían permanentemente expuestos en internet. Mientras lleváramos una vida «normal», parecía que estábamos lejos de ese tipo de problemas.

Sin embargo, la inteligencia artificial ha cambiado por completo esa realidad.

Hoy el riesgo ya no depende de qué tan conocido seas. Basta con que exista una fotografía tuya publicada en internet o compartida en algún espacio digital para que pueda convertirse en materia prima de herramientas capaces de crear contenido completamente nuevo.

El problema ya no es quién eres

Hace algunos años una fotografía era simplemente un recuerdo. Hoy también representa información, identidad y datos que pueden ser analizados por sistemas de inteligencia artificial.

Eso no significa que cualquier imagen vaya a ser utilizada de forma indebida, pero sí que las posibilidades de manipulación son mucho mayores que antes. Una fotografía puede ser modificada, integrada en otra imagen, utilizada para generar un video falso o incluso servir de base para crear contenido que nunca ocurrió.

Y esto no pertenece a una película ni a un futuro lejano. Es una realidad que ya forma parte del mundo digital en el que vivimos.

Un riesgo que antes no existía

Cuando muchos de nosotros éramos niños, nuestros padres nos enseñaban reglas muy claras: no hablar con extraños, no alejarnos de ellos y no aceptar nada de personas desconocidas. Esas recomendaciones siguen siendo importantes porque los riesgos en el mundo físico continúan existiendo.

Lo que ha cambiado es que ahora también enfrentamos amenazas que no tienen un rostro ni una ubicación específica. Son riesgos que pueden surgir desde cualquier parte del mundo y llegar hasta un teléfono celular en cuestión de segundos.

Uno de ellos es que alguien tome una fotografía publicada en internet y la utilice para crear contenido falso sin autorización de la persona que aparece en ella.


«Pero todos saben que no eres tú»

Cuando se habla de imágenes creadas con inteligencia artificial, suele surgir un argumento que parece tranquilizador: «todos saben que es falso», «es evidente que fue generado por IA» o «nadie va a creer que realmente eres tú».

Aunque racionalmente esa idea puede tener sentido, emocionalmente las cosas funcionan de otra manera.

Cuando una imagen utiliza tu rostro, la sensación de invasión puede ser completamente real. También pueden ser reales la vergüenza, la angustia, el miedo y la pérdida de confianza.

Porque el problema no es únicamente si la imagen es auténtica o no. El verdadero daño aparece cuando otras personas la ven, la comparten o la creen antes de detenerse a cuestionarla.

En internet, una publicación puede recorrer miles de pantallas en muy poco tiempo, y aunque después se demuestre que era falsa, el impacto emocional ya ocurrió.

Cuando esto le sucede a un adolescente

Ahora imaginemos esta situación desde la perspectiva de un adolescente.

Se encuentra en una etapa en la que todavía está construyendo su identidad, aprendiendo quién es y buscando sentirse aceptado por los demás. La opinión de su grupo tiene un peso enorme y su autoestima aún está en desarrollo.

Si de pronto descubre que su rostro aparece en una imagen manipulada o en un video que jamás autorizó, el impacto puede ser mucho más profundo de lo que imaginamos.

Aunque sepa que fue creado con inteligencia artificial, puede sentir vergüenza, ansiedad, miedo o una enorme sensación de pérdida de control. La herida no ocurre únicamente sobre una imagen. Puede afectar la forma en que se percibe a sí mismo, la confianza con la que vuelve a relacionarse con los demás e incluso la seguridad que siente al utilizar internet.

Por eso este tema no debe abordarse desde el miedo, sino desde la prevención, la educación y el acompañamiento.

La inteligencia artificial no es el enemigo

Es importante hacer una distinción.

La inteligencia artificial no es, por sí misma, algo negativo. Al igual que internet o las redes sociales, es una herramienta con un enorme potencial para mejorar la educación, la medicina, la creatividad y muchos otros aspectos de nuestra vida cotidiana.

El problema aparece cuando esa tecnología se utiliza sin ética, sin empatía o con la intención de dañar a otras personas.

Por eso la conversación no debería centrarse en prohibir la tecnología, sino en enseñar a utilizarla de manera responsable y en preparar a nuestros hij@s para comprender tanto sus beneficios como los riesgos que también implica.


La falsa sensación de seguridad

Durante mucho tiempo pensamos que este tipo de situaciones solo afectaban a personas con millones de seguidores o a quienes vivían constantemente frente a las cámaras.

Hoy sabemos que eso ya no es cierto.

Cada fotografía que compartimos, cada imagen publicada por familiares o amigos y cada recuerdo que hacemos público forma parte de nuestra huella digital. No significa que debamos dejar de tomar fotografías o vivir con miedo, sino que necesitamos desarrollar un criterio distinto sobre qué compartimos, con quién lo hacemos y qué tan pública queremos que sea nuestra información.

La privacidad ya no consiste únicamente en proteger una contraseña. También implica reflexionar sobre las imágenes que dejamos disponibles para cualquier persona.

¿Qué podemos hacer como padres?

La prevención comienza mucho antes de que aparezca un problema.

Hablar con nuestros hij@s sobre estos temas, enseñarles que no todo lo que circula en internet es real y explicarles que la inteligencia artificial puede generar imágenes, videos y audios convincentes; son conversaciones que hoy forman parte de la educación digital.

También vale la pena revisar juntos la configuración de privacidad de las redes sociales y reflexionar sobre qué fotografías compartimos públicamente. No se trata de generar miedo ni de dejar de crear recuerdos, sino de tomar decisiones más conscientes sobre nuestra exposición digital.

Igualmente importante es construir una relación de confianza. Si un hijo descubre que alguien utilizó una fotografía suya sin permiso, necesita sentir que puede acercarse a nosotros sin miedo a ser juzgado o castigado.

Escuchar, contener emocionalmente y buscar las vías adecuadas para reportar ese contenido puede marcar una enorme diferencia.

Y hay otro aprendizaje que no debemos pasar por alto: compartir o reenviar imágenes manipuladas, incluso cuando parecen una broma, también contribuye al daño. Educar en el respeto por la privacidad y por la dignidad de los demás es parte fundamental de formar ciudadanos digitales responsables.

Educar también significa prepararlos para esta nueva realidad

Ojalá nadie utilizara la inteligencia artificial para humillar, extorsionar o vulnerar a otras personas.

Ojalá este problema no existiera.

Pero ignorarlo no hará que desaparezca.

Nuestros hij@s crecerán en un entorno donde distinguir entre lo real y lo generado artificialmente será cada vez más difícil. Por eso necesitan desarrollar pensamiento crítico, criterio digital y la confianza suficiente para pedir ayuda cuando algo los haga sentir incómodos o vulnerables.

Como padres no podemos controlar todo lo que sucede en internet, pero sí podemos acompañarlos, informarles y construir espacios seguros donde sepan que nunca tendrán que enfrentar estas situaciones sol@s.

 

 

Porque una fotografía ya no es solamente un recuerdo. También representa identidad, privacidad y forma parte de nuestra huella digital. Y hoy, más que nunca, proteger esa identidad es una responsabilidad compartida entre las familias, las escuelas y toda la sociedad.

La realidad es que ya no necesitas ser famoso para estar expuesto. Basta con existir en internet. Y esa es una conversación que no podemos seguir posponiendo

Por Psic. Ana Villafañe

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